Debates Desarrollo Urbano

carta abierta “Lecciones de Valparaiso”

El connotado ilustrador Lukas afirma en su libro Apuntes Porteños que “todo Arquitecto debería hacer su examen en Valparaíso”. Quienes hemos hecho profesión de Arquitectos o constructores en esta ciudad sabemos que ésta nos enseña y ¡cómo enseña! Su difícil topografía, su paisaje urbano único e irrepetible, la enmarañada red de edificaciones, en las que debemos insertar nuestras obras, hacen de este ejercicio un eterno aprendizaje. Valparaíso es, entonces, el maestro que nos examina y nos enseña día a día, nos acoge o nos rechaza, y esto depende de la sintonía que alcanzan nuestras intervenciones con el entorno de sus barrios, los que a su vez se van entrelazando por los cerros, y conformando la suerte de anfiteatro que mira al mar, y que es el sello que la hace reconocida mundialmente como Patrimonio de la Humanidad.   Valparaíso es una ciudad de una delicadeza extrema, amerita una atención especial: proyectar, construir y planificar en ella se debe hacer con respeto, cariño, criterio y principalmente con un conocimiento cabal de su territorio. Por eso, vale la pena preguntarse una y otra vez ¿cuál es la responsabilidad que a nosotros los Arquitectos, las empresas constructoras, las inmobiliarias y las propias autoridades nos compete? ¿Cuál es nuestra responsabilidad para con la ciudad y sus habitantes?   Desde hace un tiempo a la fecha, se ha hecho sintomático que se levanten proyectos que, de una u otra forma, atentan contra los principios básicos de convivencia ciudadana; lamentablemente ejemplos sobran en varios cerros de nuestra ciudad. Sin ir más lejos el reciente socavón de la Avenida Diego Portales en el Cerro Barón, proyecto de la Inmobiliaria Torres de Valparaíso, en donde se emplazaba el viejo edificio del Hospital Ferroviario que por años se mantuvo en pie y en sana convivencia con su entorno, y que irónicamente fue demolido “por no presentar las condiciones estructurales adecuadas a los requerimientos actuales”, según lo indicado por la misma inmobiliaria.   Esto da cuenta en forma dramática de lo complejo que es edificar en Valparaíso, cuando no se toman en consideración los aspectos topográficos, el reconocimiento al casco tradicional construido, alterando severamente la escala de los barrios o colapsando sus estrechas vías. Este caso viene a sumarse al derrumbe en el Cerro Delicias el año 2014 proyecto de la Inmobiliaria IV Centenario, o lo sucedido en el barrio de Santa Elena cuando explotaron las redes de agua potable producto de la saturación y la escasa renovación de las mismas.         Si Valparaíso es un maestro debemos escuchar lo que nos dicen estos casos: La principal enseñanza es que Valparaíso no es una ciudad apta para el modelo de edificación en altura, que hoy monopoliza el negocio inmobiliario en nuestro país, ya que la sobredensificación de estos proyectos ―en los que se privilegia la maximización de la rentabilidad económica por sobre la calidad de vida de los habitantes― los torna en vecinos no deseados que atentan contra la armonía de los barrios tradicionales.   La promoción de esta lógica inmobiliaria la verificamos, además, en la actitud desarrollista que presenta la actual administración municipal, dando luz verde a una serie de proyectos cuestionados en las aprobaciones de sus permisos de edificación, entre los cuales encontramos el edificio Alto Paraíso de la Inmobiliaria Icafal, en el que se autorizó la edificación de una torre de más de 20 pisos en un predio rodeado por vías de aproximadamente de 10 mts. de ancho, cuando el mínimo permitido para un proyecto de estas características debe ser superior a los 11 mts. A esta misma óptica obedece el proyecto de las torres del Parque Pümpin en el Barrio O´Higgins, de la Inmobiliaria Del Puerto, en el cual la Municipalidad mantiene en pie un Permiso de Edificación, pese a  que Contraloría General de La República, en reiterados dictámenes, ha indicado que el proceso en general se encuentra viciado, debido a que el ingreso del  anteproyecto fue realizado en forma irregular.   La ciudad la hacemos todos, los porteños amamos nuestra ciudad y queremos que ésta se desarrolle, que esté limpia y acogedora. Las inmobiliarias, más allá de sus legítimos derechos de desarrollar sus negocios, deben considerar  que sus intervenciones son de un alto impacto y que una sana actitud es informar y sociabilizar sus proyectos con la comunidad comprometida, deben respetar la normativa vigente, y salvaguardar las condiciones de seguridad para con los vecinos que viven en el entorno, disminuyendo al máximo el impacto que los procesos constructivos generan en la vida normal del barrio y,  en forma conjunta, diseñadores, gestores, constructores y autoridades, debemos velar por un desarrollo inmobiliario que armonice con el entorno natural, social y cultural de nuestra ciudad.

 

Colegio de Arquitectos Valparaiso.

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