Debates Desarrollo Urbano

Aguas Arriba. El menosprecio del Estero

Javier Contreras González, Arquitecto Univ. de Valparaíso (M) Univ. Politécnica de Cataluña/ Miembro Comisión Desarrollo Urbano CAV.

La historia de Viña del Mar es bastante particular dentro del contexto urbano nacional. Tal vez se enmarca dentro de los márgenes de innovación que siempre ha tenido el Gran Valparaíso. Hacia comienzos de los años 30, políticas dictadas desde Santiago dieron a la ciudad un carácter de centro para el turismo de masas, que la hizo competir directamente con las apuestas  argentinas y uruguayas de Mar del Plata y Punta del Este, respectivamente. La dictadura modernizadora de Carlos Ibáñez del Campo daría esta impronta, con la gran colaboración del alcalde de la época, Manuel Ossa; obras como el Casino Municipal, el Hotel O´Higgins, el Palacio Presidencial o el Teatro Municipal, tuvieron buena recepción entre la población viñamarina y porteña. En realidad, ninguno de estos elementos urbanos incrustados en la ciudad habían sido pensados para los habitantes, sino que mayormente para el turista santiaguino, quien venía (y aún viene) por estar cerca del borde costero marino.

Dentro de este contexto renovador de la idea de ciudad por parte del Estado, es que surgieron propuestas ciudadanas a la palestra, plasmadas en publicaciones locales de la época. El Semanario “El Comercio Viñamarino”, fue una publicación que tuvo tiraje durante el año 1931, y fue un medio donde se dio tribuna a los habitantes. Para las ediciones del 26 de Septiembre y 3 de Octubre de aquel año, el ciudadano Juan González S. propuso proyectar sobre una zona olvidada por las políticas de Ibáñez, las cuales más bien potenciaban el turismo de borde-mar. Esta zona era el Estero Marga-marga, entendido como el eje estructurante, en conjunto con la vía férrea, del trazado histórico de la ciudad. Por lo cual, al potenciar dicha zona, tocaba -y hasta el día de hoy-  de manera directa el habitar  y circulación diaria de los ciudadanos. Como dato anecdótico a lo anterior, historiadores plantean que el nombre Marga-marga tiene un origen en el Quechua, significando “Fácil de Transportar”, entendiéndolo como el corredor de circulación del valioso oro que se extraía hacia el interior del valle.

González propuso crear muros perimetrales de 6 metros que pudieran encauzar el ingreso del mar hasta la altura del Sporting Club. Además de proyectar nuevos puentes, más altos, para facilitar el paso de embarcaciones menores, al punto de tener la posibilidad de generar una pista para hidroaviones.  El control de crecidas lo ideó a partir de 3 pozos decantadores de 200 mts de largo a la altura del puente Las Cucharas. Esto impediría, según él, los problemas del arrastre del propio sedimento del estero y el correspondiente embancamiento de arenales hacia el borde costero. Su idea de intervención del curso de agua hacia el centro de la ciudad, se complementa con el trabajo de espacio público asociado a sus costados, generando dos grandes avenidas-parque en el norte y el sur del estero.

Hasta no hace muchos años se replanteó la idea de hacer navegable el estero de Viña del Mar, muchos pensaron equivocadamente que era una idea novedosa. Propuestas como la de González, dejan en claro que los ciudadanos siempre han tenido preocupaciones por el desarrollo de la ciudad. Se abren flancos que la autoridad ha tomado en cuenta secundariamente tras la potencia del borde costero marino, que es tal vez para estos últimos, el gran atractivo de la ciudad. La caja del estero hoy está subutilizada, como lugar para una feria libre, estacionamientos, y parques de diversiones en la época estival, entre otros usos. ¿Es realmente digno el destino que le da la autoridad a este espacio, que es parte de la memoria colectiva de los viñamarinos? Más bien parece el lugar ideal para instalar programas temporales de gran tamaño para su uso, que aprovecharlo como el gran eje articulador memorial de la ciudad. Hasta el momento, en teoría, ese título se lo está llevando la avenida Álvarez-Viana, gracias al vacío que dejó el soterramiento de la vía férrea. Pero, en la práctica resulta ser una gran avenida de 6 pistas vehiculares con una especie de área verde en el bandejón central, que no está ni cerca de ser el gran parque ícono de la ciudad. Con merecimiento este título se lo lleva el Parque Costero Las Salinas, pero ¿por qué no pensar en su contraparte del valle?

El proyecto Margamar ha estado en la polémica por las formas de financiamiento para su desarrollo. Tal vez plantear la construcción de una autopista bajo el lecho del Estero puede ser una solución. Este debiera generar un proyecto global que incluya un parque de superficie y el control del curso de agua. Desde el punto de vista vehicular, este permitiría descongestionar el tráfico del centro de la ciudad, que se dirige al interior del Gran Valparaíso, pero por sobre todo, abriría un nuevo espacio para los viñamarinos, a lo largo del valle, generando un nuevo borde público, tal como lo es hoy la Recta Las Salinas.

La idea que presentó González hace ya 85 años, nos decía que el borde-estero era mucho más propio al origen de Viña del Mar, que nació siendo mediterránea y atrapada entre la vía férrea y el curso de agua. Una ciudad que mantuvo distancia con el mar por muchos años, hasta que privados y Estado le dieron un nuevo enfoque, un nuevo perfil, pero que tuvo a la Avenida Libertad como límite. El oriente de la ciudad se dejó a tras mano, el valle y en especial el curso de agua, nunca se les han dado la importancia que tienen, siendo relevados por siempre al borde-mar, en cuanto a la imagen de ciudad.

Es menester de los ciudadanos y sus autoridades dar un paso adelantado acerca del reconocimiento del territorio viñamarino, entorno al valle del estero… aguas arriba. Por lo demás, solucionar esta problemática, ayuda de sobremanera a la relación con las demás comunas del Gran Valparaíso, del cual Viña del Mar se ha vuelto su centro gravitacional.

 

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